Un sábado a principios de julio, el calor era agobiante, decidí acercarme a la playa, no era un habitual de la playa, aunque siempre me ha gustado la playa, pero con moderación, escogí un lugar cercano a un chiringuito.
Estaba tumbado boca abajo, hacia unos minutos que mi atención se centraba en escuchar la conversación de dos mujeres cercanas, hablaban de sus parejas, de donde estarían y que estarían haciendo, una de las voces me resulto familiar, así que me incorpore, a unos metros a mi derecha había dos mujeres una rubia y la otra pelirroja, estaban en topless, instintivamente me fije en sus pechos, no estaban mal, al fijarme en sus caras la rubia me resulto familiar hice memoria de donde la había visto, de pronto como si una luz se hubiese encendido recordé de donde la conocía, era la subdirectora de una sucursal bancaria que yo iba algunas veces, le di vueltas al celebro como se llamaba.
- ¡Laura! – dije en voz alta inconscientemente.
La rubia se incorporo, no pude dejar de mirar sus pechos, eran bonitos no muy grandes de tamaño, firmes, redondeados, pezones sonrosados.
- Nos conocemos – dijo.
Se tapo ligeramente los pechos, supongo al intuir que era lo que yo miraba.
- Creo que sí, aunque solo nos hayamos visto unas cuantas veces, en la sucursal del banco…
- ¡Ahhhhh!, si recuerdo, se llama… – dijo colocándose la parte superior del bikini.
- José Antonio, pero tutéame, ahora no estamos en el banco.
- ¿Qué haces aquí? Que pregunta más tonta, ¿Supongo que tomando el sol? – dijo llevándose la mano a la cabeza.
- Si tomando el sol y admirando las bellezas que hay – dije intencionadamente.
Una cierta sonrojez apareció en su cara, pero reacciono rápido.
- Pues lo mismo que mi amiga y yo. Esta es mi amiga Diana – dijo presentándome a su amiga.